El muerto que baila

Todo buen adicto a la música ha tenido su epifanía tirado sobre la cama con los ojos clavados en el techo. Sueños de una vida repleta de excesos,  placeres y derroches. Una vida donde todo es presente, donde el tiempo parece correr solo para los demás mientras uno se alimenta de la energía que transmiten los fanáticos. Un superhéroe, un extraterrestre, alguien que se eleva por sobre el resto y vive sus días en un plano idílico, desconocido, irreal. Algo similar a lo que cuenta  James Murphy, el creador de LCD Soundsystem, en Shut Up And Play de Hits. Y le creemos porque David Bowie y Lou Reed son el ejemplo perfecto de ese ídolo inalcanzable que todo aprendiz de Juan Carlos Pelotudo alguna vez quiso ser.

James Murphy no es Bowie, tampoco es Lou Reed. No es Nick Cave, otro símbolo de aquello que la música debería ser, pero está frente a un Madison Square Garden repleto de cuerpos dispuestos a acompañarlo en el mejor funeral de la historia. Y entonces la pregunta: se repite una y otra vez: ¿Por qué? Murphy argumenta querer una vida normal. Ese sueño, visto más de cerca, ahora no parece tan atractivo. El paso del tiempo se acelera en los días de gira y teme no poder acostumbrarse a semejante ritmo de vida. La paradoja de crear canciones cargadas de energía cuando la batería se está agotando.  Thom Yorke, siempre reacio a las consecuencias de la celebridad, comentaba en una reciente entrevista con Alec Baldwin lo nociva que esa vida puede ser pero claro, él ha vivido más tiempo dentro que fuera de esa constelación. El éxito internacional irrumpió en la tercera década de Murphy, desacomodando su vida cuando el sentido comun dicta lo contrario.

Y si LCD Soundsystem es su creación, allí va la cámara. En el escenario, junto a sus amigos de la banda. Agradecido de contar con Win Butler y Régine Chassagne, la pareja de Arcade Fire en los coros. Y también lo sigue en la intimidad. Murphy y su perro, llamadas perdidas, caminatas, entrevistas. Cotidianidad que, como los fantasmas que regresan en el último video del duque blanco, la fama puede tornar algo solitaria y siniestra. ¿Será eso contra lo que lucha Murphy mientras hace bailar a miles de personas? Y así aparece, frágil. De mirada algo perdida, a punto del llanto. Dudando de sus decisiones. Cercano. Buscando contactarse con un mundo que, como a Nueva York, ama pero lo deprime. Su búsqueda es creíble pero confiamos en que, como nosotros, necesite de su música como guía para llevarla adelante. Porque ellos son estrellas, están muriendo por nosotros, pero deseamos que vivan para siempre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s