Una vaca en la 9 de Julio

Cuando Roger Waters planificó traer The Wall en la Argentina no sospechó que un par de voces y guitarras iban a demoler todo su muro aún antes de haberlo edificado. Y si Pink, ese alter ego de Roger que luchaba contra los monstruos de un pasado represivo en la Inglaterra post 2º guerra mundial resguardado por una pared a su alrededor hubiese escuchado a Flopa y Minimal con su maquina de hacer todo mal habría caído en la cuenta de que no estaba tan solo.

Esa sensación parecía flotar sobre las cabezas de los 100 amigos -así nos denominaron- del dúo que ayer disfrutamos de un concierto secreto como retribución por financiar y producir “de corazón” su próximo disco, “La piedra en el aire”. Si para ellos, que se cansaron de agradecer la respuesta de su público a la convocatoria (“la gente nos ofrece plata y la rechazamos, estamos locos”, confío Flopa), la repercusión fue sorpresiva, para alguien ajeno a la industria discográfica la iniciativa es casi mágica. Por ejemplo, el ejercicio de comparar los 100 pesos aportados con el costo de una entrada promedio a un recital internacional se vuelve absurdo. Es un caso de apreciación monetaria digno de un análisis bouduosiano -aunque pueda parecer un oxímoron: de pronto un solo billete violeta paga un recital íntimo, la producción de un disco nuevo y la reedición de otros dos: Emoción Homicida de Flopa y otro de Minimal como solista, siempre y cuando no decidan gastar la vaquita en irse a una playa o “comprar el tapado de Diego”.

La dinámica de un recital, graficada por Ariel Minimal (click para agrandar)

Flopa y Minimal, Minimal y Flopa. Si hasta uno una se animó a tirar un “hagan terapia” ante los sucesivos contrapuntos verbales iniciados por el guitarrista que eran acompañados por la amplia sonrisa de la dama. Como el “mejor toquemos una canción”, la sutil respuesta ante la consulta de su compañero por su gusto en la dinámica de los recitales: “¿preferís que empiece chiquito y se ponga grande? Así es mejor”. Dan ganas de convertirse en la mosca en la pared de la que hablaba Grierson y pasar el tiempo con ambos, verlos crear, discutir, compartir sus silencios y estridencias. Y es eso, en una dosis concentrada, lo que sucedió ayer. Un encuentro entre amigos que no se conocen donde el escenario es un mero suplemento arquitectónico y no la imposición de una jerarquía. Desde la entrada, cuidada por una señorita que reconocía los nombres de los asistentes solo con verlos (Facebook, gracias), pasando por los propios protagonistas recibiendo la contribución a dúo, sentados en una ínfima mesa, agradecidos y felices, hasta las conversaciones sobre películas de ciencia ficción y programas de TV de Minimal. Todo en una atmósfera sofocante hasta el éxtasis por la conjunción de las variables sótano e intimidad.

Tenemos que agradecer a la música por haber liberado a Minimal de su trabajo municipal y eximir a Flopa de atender viejos en el ANSES. Tenemos que agradecer que estén juntos, creando canciones, compartiendo sentimientos y brindando esperanza con cada acorde. Tenemos que agradecer que los tenemos con nosotros de este lado del muro.

Algunas fotos más, acá.

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2 comentarios en “Una vaca en la 9 de Julio

  1. El Me Gusta es discriminatorio!! Con razón hay tan pocos por acá, solo deben leer usuarios de Blogger… Te diría que yo te quiero más, pero ambos sabemos que querés escuchar lo contrario.

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