Memorias de la militancia*

Vivimos un último año agitado en lo político-académico, con fracturas y vinculaciones entre estudiantes, militantes y profesores sobre las que todavía no se produjeron demasiadas reflexiones, pero que pusieron en evidencia conflictos inherentes a la dinámica de la vida universitaria que siguen latentes. En ese marco, entre las películas del Bafici 2011 existe una que debería interpelarnos especialmente.

Dirigida por Santiago Mitre, guionista en Leonera y Carancho de Pablo Trapero, El estudiante compite en la sección internacional del festival, para las que agotó sus tres funciones, aunque es de esperar que sea estrenada comercialmente en el futuro aprovechando las buenas críticas que cosechó hasta el momento. El no haberla visto aún nos impide discutir sus argumentos, pero podemos vislumbrar los debates que se avecinan en el horizonte tomando como referencia algunas de las críticas que circulan.

“Si alguna vez el llamado “nuevo cine argentino” fue definido como apolítico, El estudiante es la más brutal y brillante refutación de esa falacia: no sólo es nueva, sino indispensable”. Así finaliza la sinopsis del catálogo, siempre afecto a frases rimbombantes y conclusivas. No vamos a entrar una nueva polémica sobre el NCA, sino asomarnos a la concepción sobre lo político que parece construir el film.  En el blog Espectadores, María Bertoni sostiene que “lejos de proponer una reivindicación romántica de la militancia, el film dirigido por Mitre explora los defectos denunciados por los defensores de la gestión pura, libre de estrategia ideológica: negociación, discrecionalidad, amiguismo, corruptela, asociaciones oportunistas, repartija de la torta, hipocresía, traición.” Como puede suponerse, el protagonista arriba a la actividad guiado por un deseo amoroso o, como diría Juan Carlos Pelotudo, miniiiitas.

Marina Yuszczuk agrega desde ¡Esto es un Bingo!: “[El estudiante] termina por plantear a la política como manipulación que sólo busca el beneficio personal de los que la ejercen. No hay consecuencias reales de las decisiones políticas en la vida de los que no sean dirigentes, no hay transformación de nada sino puro ascenso llevado por la ambición“. Pero, en su defensa, los comentarios parecen coincidir en alabar sus buenas actuaciones y consistencia narrativa. Algo de esa mística de la UBA que transitamos a diario y que, como Diego Maté rescata, no ha sido demasiado representada:  “el contexto de facultad le imprime al relato un clima propio que sintoniza con un universo temático casi nunca abordado antes por el cine argentino: la política en la facultad, los pasillos y los carteles, los cafés y las discusiones (y las chicanas, y los discurseos) y, sobre todo, los romances intempestivos”.

Es imposible discutir cuanto de esa militancia se transformó en mero estereotipo en pos de un relato que refuerce los presupuestos del público (construído o real), pero es innegable que la temática nos fuerza a analizar sus características discursivas. Repensar una de las pocas representaciones de la universidad pública en su contexto actual es parte de nuestro rol como comunicadores. Para eso debemos estar atentos a su estreno, pero tampoco habrá que esperar demasiado para escuchar las repercusiones de las agrupaciones y los propios estudiantes cuando la película llegue a la facultad.

(Agrego la visión de Quintín, que no había llegado a leer y dice cosas comoEl estudiante no cae en los lugares comunes cualunquistas que concluyen en el desprecio por la política. Los militantes de Mitre tienen debilidades, toman cocaína, son bastante ignorantes, están demasiado entrenados en la liquidación sin piedad a sus rivales y son poco confiables como personas y como políticos. Pero son de carne y hueso y no parecen peores que los médicos, los periodistas y los cineastas. Acaso sean mejores, tan solo porque tienen pasión por lo que hacen”).

*homenaje a José Vazeilles, afectuosamente recordado por quienes cursamos con él.

Actualización: A partir del 1-9 se la puede ver en el Malba a las 22 y también en la sala Lugones (14:30 17:00 19:30 22:00). La crítica de Horacio Bernades, para quien constituye un nuevo paradigma e “inventa quizás una ética y estética a las que podría definirse como “realismo idealista””, puede leerse acá.

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