Hoy, en fragmentos que merecen ser compartidos, Anaïs Nin:
No quiero endurecerme ni insensibilizarme como le está ocurriendo a la gente que me rodea. Se encogen de hombros y se ponen otra capa de indiferencia.
Rechazan la experiencia de la vida, la madurez, el riesgo. Se niegan a evolucionar, a madurar, a cambiar, porque temen la muerte. Tratan de estafar al tiempo, quedándose quietos. Creen que es posible conservarse a base de no vivir ni amar, ni equivocarse ni dar o despilfarrar su yo.
Porque el amor no es solamente capaz de descubrir una personalidad en potencia, que no ha nacido todavía, que está enterrada o disfrazada, sino también hacerla surgir a la luz.
Necesito gente que tenga sentimientos. Cuando estoy con gente sin sentimientos me encuentro sola: no puedo amar a las personas que son sólo cabeza.
No puedo amar si tengo que vigilar al mismo tiempo, si debo enfrentarme a seres que de repente ocultan sus sentimientos humanos. Lo que yo soy incapaz de abandonar es mi convencimiento íntimo de que todo lo que se posee debe ser compartido, dado; tanto las posesiones física como las espirituales, los conocimientos, los descubrimientos, las adquisiciones
intelectuales, las técnicas, los secretos.
Tenemos demonios, y si no conseguimos domarlos, nos destruyen. Si no puedes dominar a tus demonios, sean los que sean, haces daño a los demás.
La conexión con el punto culminante de un ser humano puede resultar peligroso para la vida misma. Amas sólo lo que ves allí en potencia, y no ves la realidad.
Todo lo negativo debe morir. Sobre todo el miedo, como forma negativa de la vida.
Su descubrimiento se lo debo a esta otra señorita, de lectura más que recomendable.
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