Desde hace un tiempo en época de elecciones surge el voto electrónico como posible respuesta a los males de nuestra vetusta política criolla. Quienes lo impulsan parecieran desconocer los riesgos que implica para la transparencia del proceso y el secreto del sufragio, o quizás estén contando con ellos.
Hoy, mientras en EE.UU. el liberalismo económico recula ante la crisis, Barack Obama y John McCain están en plena campaña presidencial. Los vemos participar en debates por TV como parte de millonarias estrategias de marketing mientras los medios cierran el círculo publicando las encuestas con las últimas las tendencias. Toda una maquinaria infernal de previsión, análisis e intervención para capturar votantes.
Pero, volviendo al voto electrónico, quizás deberían prestarle un poco de atención a factores más tangibles que afectan directamente los resultados de una elección (como la estática), no sea cosa que les pase como a Homero:
